martes, 12 de septiembre de 2017

Hacer al profesor grande de nuevo (Make the teacher great again)

La eficacia del sistema educativo se mide en el éxito de los alumnos como regla general. Cuanto más alumnos superen selectividad, mayor es el renombre el colegio. O al menos esto era en un principio, ahora, se mide todo, porcentaje de alumnos aprobados, porcentaje de alumnos que consiguen la primera opción elegida, etc .... dicho de un modo más industrial, nos fijamos en el producto final que entregamos a la sociedad.

Sin embargo, la eficacia de un proceso de cualquier tipo, no sólo se puede valorar desde el producto final, y hacerlo así lleva normalmente a error en el peor de los casos, normalmente lleva a un estancamiento del proceso. Poniendo un ejemplo práctico, el coche sale bien o mal porque los materiales suministrados por el proveedor eran de mayor o menor calidad. Pensando de esta forma es imposible mejorar la producción ya que uno se considera ajeno al proceso y el producto final ya viene predeterminado de origen.

Esto me recuerda a un trabajo que tuve que realizar para una asignatura en mi carrera y que describe perfectamente este pensamiento tan resultadista. Se trataba de un diseño de un sistema de extracción de vapores tóxicos en una nave de pinturas. Una vez presentado el diseño, con todo lujo de detalles, en el momento de exponer el trabajo la primera pregunta del tutor fue que si habíamos pensado en los trabajadores de fábrica, éstos debido al diseño que habíamos realizado deberían soportar duras condiciones de trabajo, la respuesta, como era de esperar, fue un no rotundo.

Lo que quiero resaltar es que esta forma de pensar tan "industrial" está aceptada socialmente en el mundo de la educación y debido la figura del profesor sufre doblemente. Primero se está omitiendo la figura del profesor, dando importancia casi exclusiva a la figura del alumno. Derivado de este problema el profesor es ignorado institucionalmente cuando éste se enfrenta a determinados problemas que suceden en las aulas, obligando a la técnica ensayo / error sino a la improvisación para la resolución de estos problemas.

Adonde quiero llegar es que la eficacia del sistema educativo recae también en el profesor, y por tanto cuanto mejor sea el profesor, por influencia directa repercutirá en el alumno. Ahora bien, el docente necesita también un proceso de aprendizaje interno y externo. Interno por parte de la experiencia y un aprendizaje propio continuado y externo, referido sobre todo a pulir los puntos a mejorar que podamos tener, que vendría suministrado por formadores externos, psicólogos, pedagogos, orientadores, etc... Éstos vendrían a complementar nuestra formación propia.

Otras de las claves sería elevar la imágen social que tenemos del profesor, convertirle en un modelo a seguir también fuera de las aulas. Por ejemplo, darle y respetarlo devolviendole el estatus de autoridad. Con otras palabras, hay que intentar hacer al profesor grande de nuevo.


1 comentario:

  1. Además de todos estos requisitos que expones que debería tener un buen docente, ¿no piensas que también deberíamos concederle algo más de autoridad?

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