El deber y la labor de un profesor puede parece muy sencillo desde cualquier dimensión. Por ejemplo, desde una dimensión más profesional, preparar a un individuo para una determinada profesión, desde una dimensión social, la de preparar a individuo para ser una parte activa en la sociedad, desde una perspectiva cultural, involucrar al individuo en la cultura de la que forma parte para mantener y desarrollar la propia cultura. A lo que quiero llegar es, cuál es nuestro deber para con nuestros alumnos.
En este caso se convierte en cierto el dicho de que los árboles no nos dejan ver el bosque. Tanto la sociedad, como la familia, como las empresas ejercen una presión sobre la educación que perdemos el objetivo de vista, que en el caso que nos ocupa son las personas. Nos concentramos en el objetivo final, no en como llegar a ese objetivo. Sin embargo, todos sabemos que para alcanzar un objetivo siempre hay diferentes procedimientos, estrategias o métodos que nos dirigen, guían y orientan hay un camino que podemos recorrer ... o no, dependiendo de diversos factores.
Lo que quiero decir con esto, es que el docente debería dejar de ser alguien resultadista, alguien que está más preocupado por los resultados que por lo que realmente importa, que sus pupilos se conviertan en personas. Si bien una parte de la educación es la adquisión de conocimientos, hay otra parte también importante que es la adquisición de "valores", que va a determinar a medio o largo que tipo de persona vas a ser. Sin embargo, esta segunda parte está minusvalorada, ya que ni forma parte de la evaluación, ni del currículum. Uno de los mejores ejemplos ilustrativos para esta idea, es el genio con maravillosas ideas (conocimientos) que no sabe venderlas (habilidades sociales o comunicativas) con lo que al final sus ideas no llegan más allá que la puerta de su garaje.
Con esto quiero remarcar el deber del profesor de prestar una atención integral al alumnado, puliendo no sólo una cara del cubo, sino todas las caras que lo conforman, aunque sólo sea evaluada una de ellas. De esta forma no sólo conseguimos personas formadas, sino capaces de superar la carrera de obstáculos que nos plantea la vida. Esta faceta es aún más importante en los adolescentes, ya que en esta etapa se conforma la personalidad e identidad de cada uno de ellos y nosotros como profesores / educadores, sin querer, o queriendo, ejercemos una influencia sobre nuestros alumnos.
Así para cerrar el círculo sino prestamos una atención integral hacia nuestros alumnos, la consecuencia directa es que perderemos algunos de ellos, lo cuales condenaremos al fracaso y con ello,en parte, fracasaremos con ellos. Por lo tanto por nuestro bien y por el de nuestros alumnos no dejemos a nadie atrás.
Así es como debería ser.
ResponderEliminarSi no perdemos estos valores que ahora mismo estás resaltando, puede que la siguiente generación realmente cambie el rumbo de todo y el mundo vaya a mejor.
Felicidades Alberto
Estos valores se mantendrían si todos remáramos en la misma dirección. La impresión que tengo es que o remamos en círculos o hay que gente que o no rema o rema en la dirección equivocada.
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