La entrada de hoy era relativa a qué tipo de cualidades o característica tiene que tener, según la opinión de cada uno, el tutor ideal. La verdad es que todos tenemos o hemos tenido un espejo en el cual mirarnos, todos hemos sido alumnos, de hecho, aunque en mi cabeza yo ya me considero un profesor en busca de nuevas perspectivas y puntos de vista ocultos a simple vista, también soy en gran parte alumno que recibe conocimientos. De hecho ha sucedido un efecto inesperado, entre con la mentalidad de profesor en formación y ahora en un acto involutivo me he vuelto un alumno rememorando experiencias pasadas.
Pero ese no es la forma en la que quiero abordar el tema de hoy. Muchas veces en esta sociedad, parece que necesitamos un modelo a seguir, unas pautas, unas reglas y unas normas para todo. Tenemos un modelo ideal o no, pero al fin y al cabo un modelo de conducta, un modelo de forma de vida, un modelo de tipo de trabajo, un modelo de educación. Todo se resuelve siguiendo las instrucciones de un formulario, o al menos esa es la visión que tenemos.
Sin embargo, parece que nos olvidamos del elemento más importante de la ecuación, ese elemento somos nosotros mismos. El modelo es una guía y un camino a seguir para no estar parados y preguntándonos por dónde ir. Pero la realidad es que muchas veces vamos por un camino por el que no queremos ir. El camino marcado no es el nuestro.
Así que la entrada de hoy no va a ser sobre el tutor ideal, quizá porque ese tipo de tutor no existe o es simplemente un modelo utópico. En estas líneas quiero reivindicar el tutor de verdad, el real, el que va a ir todo los días al instituto con alumnos y problemas reales. Ese tutor no va a ser un tutor ideal e imaginario, esa persona vamos a ser nosotros, con nuestros defectos y nuestras virtudes. No puede ser un tutor "falseado" con virtudes que no tenemos o que esconde defectos. El proverbio castellano "Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo" también es aplicable a los alumnos. Son jóvenes, no tontos.
Por lo tanto a lo que quiero llegar es que el tipo de tutor ideal al que mejor nos vamos a adecuar es a un tipo de tutor conforme a nuestra personalidad, con nuestros valores, con nuestras propias señas de identidad. De este modo ejerceremos nuestro trabajo de forma más profesional y eficiente posible, sintiéndonos cómodos con nosotros mismos. Esto tiene que ser el punto de partida para conseguir ser mejor tutor mediante la mejora continua y la experiencia docente.
Excelente reflexión, Alberto... bueno, en realidad deseo felicitar tu capacidad de análisis y síntesis que prueban tu capacidad para reflexionar sobre problemas complejos que están necesitados de soluciones lo más sencillas posibles.
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