miércoles, 4 de octubre de 2017

Se agua amigo mío (Be water my friend)

El tema a tratar hoy era la convivencia pero como viene siendo costumbre en mi blog intentaré abordar el tema desde un punto de vista diferente, ni mejor, ni peor. La convivencia suena a actividad fácil, sencilla y para toda la familia como diría algún trabajador de Bricomanía. Pero, ¿de verdad es un concepto tan sencillo como vivir con otros?

La realidad se torna bastante distinta a lo que en un principio se piensa cuando se echa un vistazo puramente superficial del tema. Todo comienza desde el concepto, convivencia es vivir juntos, y ahora viene lo complicado ... Cada persona tiene un modo distinto de vivir. Por eso la convivencia no es una tarea sencilla si el modo de vivir propio no coincide con el modo de vivir de una o varias personas o una comunidad, de hecho es bastantes problemas sociales se generan de esta manera, cuando alguien tiene una forma de vivir diferente que el resto y no se adecúa al grupo de referencia.

Sin embargo también se puede dar el caso contrario, que es lo que suele suceder normalmente que la gente que tiene un modo parecido o igual de convivir acaben juntándose y apoyándose mutuamente. Aunque sea un caso muy extremo, esto explica por ejemplo la generación espontánea de gettos en una población cualquiera. Así normativamente es como se forma una sociedad. Una ley no es más que un acuerdo de mínimos que se ha consensuado entre un grupo de personas y que se pone por escrito. Tanto en tu casa, como en tu familia, como en tu grupo de amigos existen leyes (ahora me estoy acordando del BroCode) que hay que respetar si se quiere ser miembro de un determinado grupo. La única diferencia es que estas normas o leyes simplemente no están escritas.

Ahora vamos a ir un paso más allá, para pertenecer a un grupo no sólo vale con respetar las normas, hay que hacerlas cumplir también. Esto da a entender que ya no sólo formas parte pasiva del grupo sino que te conviertes en parte activa del grupo en cuestión. Es entonces cuando verdaderamente te sientes parte del grupo, cuando tienes voz y voto.

Visto de esa perspectiva grupal, el centro educativo, la escuela y el colegio no deja de ser un grupo pero con mayor escala. ¿Por qué no somos capaces de percibirlo de este modo? ¿Por qué no vemos al colegio como algo nuestro, propio? Quizás sea porque en nuestra mentalidad pensamos que lo público es de todos y lo de todos no es de nadie. Pero, ¿y si cambiamos la mentalidad y no ponemos en los zapatos de un japonés? Entonces tendríamos la visión siguiente, la escuela es de todos, por lo tanto es mía también, por eso la cuido y la respeto y mis compañeros también la cuidan y la respetan como yo.

Desde esta última perspectiva, ¿qué tipo de problema de convivencia habrá? La respuesta es bien clara, ninguno. Si todos remamos en la misma dirección es imposible discutir acerca de hacia dónde va el barco. Por lo tanto y a modo de conclusión, si entre todos creamos y participamos activamente en la toma de decisiones y gestión de metas en nuestro centro educativo, la convivencia nunca será un problema sino la base de la consecución de esos objetivos propuestos.

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