La entrada del blog de hoy está dedicada al conflicto, esa palabra que siempre está mal, es casi tabú en según que contextos pero sin embargo se ve como el mal menor o incluso una forma legítima para defender determinadas situaciones. Esto se debe a que en la mayoría de las ocasiones esta palabra está desvirtuada. La sociedad la ha desvirtuado con su uso inadecuado. Ahora no es politicamente correcto decir guerra, queda mucho mejor decir, conflicto armado. Tampoco se dice imparcialidad, lo denominamos conflicto de intereses.
Adonde quiero llega es que el conflicto en sí no es malo, no es más que una postura enfrentada en un determinada, de hecho el conflicto llevado a su máxima expresión es lo que lleva al pensamiento crítico y a la sabiduría. De hecho, muchas veces como docentes cometemos un error bastante grave. Es cierto que somos docentes, tenemos que enseñar, es nuestro deber después de todo, pero nunca se ha de perder de vista una cosa, el aprender.
Desde mi punto de vista y desde mi propia experiencia el mejor profesor no es el que más conocimientos tiene, o el que mejores habilidades sociales tiene. Para mi el mejor profesor es el que es capaz de aprender de los alumnos. Cada alumno es un libro, tiene una historia diferente que quiere contar, cuantas más historias sepas más imaginación y capacidad tendrás a la hora de contar cuentos o de inventarte una historia. Estas situaciones de mejora se producen normalmente a través de conflictos, tanto internos como externos. Después de todo si algo va bien no se cambia y por lo tanto no se mejora.
Esto también es aplicable al aula, por ejemplo una situación que se da comúnmente es la figura del alumno pasota, sin interés y desmotivado por la materia. El conflicto se puede dar por varios frentes. Desde nuestro punto de vista como profesores es un problema ya que no sigue el ritmo de clase y puede ser perjudicial para el grupo si este comportamiento se convierte en un ejemplo para el conjunto de la clase.
Ahora bien dada esta situación o este conflicto existen dos formas contrapuestas de actuación. La primera es dar el caso por perdido y no dar más importancia, la segunda la que haría mi profesor ideal de la entrada de ayer es nada más y nada menos que intentar aprender de la situación. ¿Y, cómo se hace eso?. Primero, analizando el problema no superficialmente si no intentando conocer el problema y segundo una vez que el problema está identificado, intentar solucionarlo y sacar una lección positiva del mismo.
Actuando de forma activa no sólo estaremos ayudando al alumno en cuestión y solucionando el problema sino que además estaremos aprendiendo algo que nos pueda ayudar para futuros problemas.
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